junio 8, 2026

¡Volverá, Palencia Basket siempre vuelve!

Basketball players in purple and orange uniforms compete for the ball on a crowded indoor court with a cheering crowd in the background.
Súper Agropal Palencia cerró su temporada a las puertas de la final tras caer ante un sólido Leyma Coruña, en un duelo marcado por el rebote y los detalles decisivos, dejando una mezcla de orgullo colectivo y sensación de oportunidad perdida tras una campaña sobresaliente.

Súper Agropal Palencia puso punto final a su temporada cayendo en semifinales de la Final Four ante un sólido Leyma Coruña, que a la postre confirmó su condición de favorito logrando el ascenso tras imponerse en la final al Movistar Estudiantes. Un desenlace duro, especialmente por lo cerca que volvió a quedarse el conjunto morado, pero que no empaña una campaña de enorme nivel competitivo y crecimiento colectivo. No pudo ser, pero hay derrotas que también construyen identidad.

Coruna-2

Desde el análisis puramente baloncestístico, la semifinal dejó varias claves claras. El equipo palentino compitió durante muchos tramos, incluso llegando al descanso por delante, pero terminó cediendo ante dos factores determinantes: el dominio del rebote del conjunto coruñés y su mayor acierto en momentos críticos. Cuando en el partido llegaron los momentos clave, Leyma Coruña fue más consistente, más físico y más certero. Además, la lesión de Adam Kunkel en un tramo decisivo rompió parte del equilibrio ofensivo palentino y condicionó la rotación exterior en el tramo final.

Aun así, reducir la temporada a ese último partido sería profundamente injusto. El equipo de Natxo Lezkano ha firmado una segunda vuelta prácticamente impecable, convirtiéndose en la mejor defensa de la competición y demostrando una identidad muy marcada: solidaridad, disciplina táctica y compromiso colectivo. Un grupo que ha sabido reinventarse tras las dudas iniciales y que ha competido contra proyectos de mayor presupuesto sin complejos.

 

Desde lo emocional, queda una sensación inevitablemente melancólica. Puede que haya sido el último baile de algunos jugadores con la camiseta morada, piezas que han dejado huella dentro y fuera de la pista. Esa incertidumbre propia de cada final de curso se mezcla con el orgullo de una afición que, una vez más, estuvo a la altura, acompañando, empujando y despidiendo al equipo con aplausos pese al golpe.

 

Porque si algo define a este grupo es precisamente eso: la capacidad de caer con dignidad y levantarse con más fuerza. No hubo final, no hubo ascenso, pero sí hubo equipo. Y eso, en el largo plazo, es lo que más se acerca a la sostenibilidad del éxito.

El futuro abre interrogantes, pero también ilusión. Con la cultura competitiva asentada y una afición que nunca falla, el mensaje es claro: esto no termina aquí.

A veces, perder también es parte del camino para volver más fuerte. Y Palencia Basket, visto lo visto, siempre vuelve.

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